viernes, 21 de octubre de 2011

La Distribución por Quintiles Profundiza la Desigualdad

Por Vivien Ormeño.
Existe consenso en el diagnóstico sobre la desigual distribución de riqueza en Chile.
Una de las maneras de determinar la forma de distribución del ingreso es la división por quintiles, que es precisamente el método usado para determinar quienes son merecedores de beneficios sociales, como por ejemplo la tan bullada “gratuidad” en educación superior para los dos primeros quintiles.
Un quintil es una manera de clasificar una población, en la cual se dividen el número total de individuos en cinco partes iguales, es decir, cada quintil está conformado por el 20% de la población en cuestión, pero el parámetro para agrupar a las personas es su ingreso familiar per cápita. De este modo, el primer quintil está conformado por  el 20% más pobre, mientras que el quinto quintil está compuesto por el 20% más rico.
Pero en países como el nuestro, donde la distribución del ingreso es inmoralmente desigual, la clasificación por quintiles pierde toda efectividad y sólo se transforma en una fotografía de la injusticia social.
Es de conocimiento público que el actual Presidente de la Nación pertenece a un sector social particularmente favorecido en relación al resto de la sociedad. Sin embargo, una familia de 4 personas (como es la aparente composición de la familia de Sebastián Piñera, ya que sus dos hijas se han casado y por tanto no viven con él) que tenga una ingreso familiar mínimo de $1145600 pesos pertenece al mismo quintil que el Presidente de la República. Es evidente que las personas de esta familia tienen satisfechas sus necesidad básicas e incluso pueden acceder a ciertos “lujos”, pero también es claro que no pertenecen a la misma clase social que la familia presidencial.
Si la familia del ejemplo anteriormente señalado está compuesta por padre, madre y dos hijos que estudien en la Universidad, sus ingresos se reducen drásticamente, ya que pagarían como mínimo $500000 pesos por concepto de mensualidad, considerando que por pertenecer al quinto quintil no tienen derecho a ningún tipo de beneficio social.
Gastos como la educación superior, la enfermedad de alguno de los miembros de la familia o cualquier otro desembolso de estas características, dejan a familias de este tipo en una total indefensión  como consecuencia de la manera de establecer la estratificación social mediante quintiles.
Es cierto que los ingresos de las familias chilenas han aumentado en los últimos años, así como también su nivel de vida, pero esto sustentado en una inseguridad permanente determinada por la falta de beneficios sociales generales otorgados por el Estado de Chile para satisfacer las necesidades y derechos básicos de todo individuo, así como también por la manera de establecer quién necesita beneficios sociales y quién no.
La distribución del ingreso no cambiará de un día para otro, pero es posible utilizar un método más acorde a nuestra realidad y que nos permita agrupar a las personas que efectivamente pertenecen a una misma clase social.
Es fundamental avanzar en una sociedad que otorgue una base mínima desde la cual se sitúen todas las personas sin distinguir su procedencia, que permitan un desarrollo determinado por las capacidades e intereses de las personas y no por el dinero que su familia posea.

viernes, 14 de octubre de 2011

El Rol del Periodista

Por Vivien Ormeño.
Soy estudiante de periodismo de la Universidad de Santiago, elegí esta profesión porque entendí que la comunicación de masas es aquello que nos lleva a entender el mundo. Del mismo modo comprendí que ese entendimiento de mundo, que también es denominado “realidad”, es una construcción social sustentada sobre la base de la mirada que cada individuo puede hacer de la misma. Por lo que la objetividad y la verdad son falacias.
Es por esto que considero la crítica realizada por Iván Weissman en su columna “Paulsen y  Guillier  perdieron el derecho a ser periodistas” (http://www.elmostrador.cl/opinion/2011/10/13/paulsen-y-guillier-perdieron-el-derecho-a-ser-periodistas/) producto del sector al cual representa, y que deja muy claro en el enrostramiento de su currículo al terminar dicha columna. Él es un vivo ejemplo de quienes pretenden instalar la idea de que el periodismo es objetivo e imparcial, y que esa imparcialidad es representada por ellos y que, por consiguiente, su visión corresponde a la verdad única e irrefutable.
El rol del periodista no ser objetivo e imparcial, porque eso es imposible. El periodista, al igual que el resto de los seres humanos se sitúa desde un “lugar” para realizar la interpretación de los acontecimientos, y ese lugar desde el que se sitúa, no sólo está determinado por el momento temporal y espacial en el que se encuentra el profesional de la comunicación, sino que está determinado, del mismo modo, por su historia de vida.
¿Entonces qué diferencia a un periodista del resto de las personas? La respuesta para mí es evidente, quien ejerce esta profesión debe ser, por sobre todo, un gran conocedor de los procesos sociales en su complejidad, debe ser capaz de integrar la información que recibe de la gran variedad focos existentes y entender su relación y consecuencias. Es decir, debe construir, a partir de distintas variables aparentemente independientes, una “realidad integrada”, una visión de verdad, pero que siempre estará enmarcada bajo su mirada.
Reconocer la falacia de la objetividad periodística implicaría, para los grandes consorcios informativos, aceptar que aquello que presentan como realidad irrebatible no es más que su visión, y que por tanto puede ser puesta en duda. En una sociedad como la nuestra, donde los medios más importantes por  tradición y poder económico, se encuentran en manos de un sector ideológico claro y reconocible como “la derecha”,  la posibilidad de aceptar que el periodismo es mucho más que un simple relato de los acontecimientos implicaría reconocer que su capacidad monopolizada de generar agenda y guiar la opinión pública ha sido un medio de perpetuar y profundizar el modelo sistémico capitalista de libre mercado como la única forma de organización posible.
El rol del periodista ha sido olvidado desde que se aceptó mentir. Porque ese rol consiste en construir realidad. Quienes han construido su carrera profesional sobre los pilares de la falacia de la objetividad han mentido descaradamente con el fin de presentar su visión editorial como verdad, y son ellos los que perdieron el derecho a ser periodistas.

viernes, 7 de octubre de 2011

¿Quiénes son los violentistas?

Por Vivien Ormeño.
En el contexto de la movilización estudiantil chilena del año 2011, los manifestantes que se reúnen bajo la consigna: “educación pública, gratuita y de calidad” han sido catalogados, por el gobierno y los medios de comunicación tradicionales, como violentistas.
Luego de 5 meses de manifestaciones sociales han existido múltiples hechos de violencia, provenientes tanto del Estado como de la ciudadanía. Algunos de estos hechos han terminado con personas heridas de ambas partes, sin embargo sólo dos de ellos han terminado con resultado de muerte. Y como es tan característico, los que mueren siempre son los más indefensos, en este caso, niños.
El 25 de agosto del presente año murió un adolescente de 15 años llamado Manuel Gutiérrez, asesinado por un efectivo de carabineros.
El 6 de octubre, Mildred Mella secretaria del Diputado PC Guillermo Tellier, perdió su hijo de 6 semanas de gestación, luego de forcejear con el Diputado UDI Enrique Estay, por la colocación de una bandera en el frontis del Congreso Nacional en apoyo al movimiento estudiantil.
Frente a estos hechos me pregunto ¿Quiénes son los violentistas? ¿Quiénes son los que están actuando fuera de la ley que tanto defienden?
En el imaginario colectivo es muy fácil ubicar dentro de un sector político claro y común a los dos perpetradores de estos hechos de violencia con resultado de muerte, y este es el sector más conservador de la sociedad, popularmente conocido como “derecha”.  Paradojalmente, la derecha chilena levanta consignas en pos del orden público, la ley y el derecho a la vida. Sin embargo, todas estas consignas se ven aplastadas por el actuar de estos individuos y la justificación o falta de importancia otorgada a estos hechos por sus compañeros ideológicos. Pero traen a la memoria el actuar común en tiempos de dictadura.
Es como si hubieran estado disfrazados todo este tiempo, escondidos, jugando el juego de una democracia falsa producto de una sociedad dormida. Sin embargo ante los primeros atisbos del despertar de Chile reaccionan como fieras, se quitan el disfraz y responden con mentira, represión y muerte.
Han muerto dos niños inocentes ¿No sé qué  más tiene que ocurrir para que Chile despierte de una vez? ¿Cuánto más estamos dispuestos a soportar, a ignorar?
Una sociedad mejor es responsabilidad de todos.